Por la Dra. Becky Salato, Superintendente del Distrito Escolar de Konocti
Con frecuencia, en el ámbito educativo, los adultos tomamos decisiones en nombre de los estudiantes, creyendo saber qué es lo que más les conviene. Sin embargo, a veces olvidamos consultarles y pedir su opinión, por lo que no sabemos si hemos acertado.
Hace poco entrevisté a estudiantes de las escuelas Lower Lake High School y Obsidian Middle School; les pregunté qué creían que funcionaba bien y qué cambiarían si pudieran. Sus respuestas fueron significativas y alentadoras. La labor que hemos realizado para fomentar una cultura saludable parece estar dando frutos.
Durante los últimos dos años, el Distrito Escolar de Konocti ha dedicado una cantidad considerable de tiempo y recursos a la salud física y emocional de nuestro personal y de nuestros estudiantes. Con base en las investigaciones del proyecto “Blue Zones Project”, creamos la iniciativa “Konocti Cares”. Este programa está diseñado a medida para atender las necesidades específicas de nuestros empleados, estudiantes y familias. Nuestra meta es instaurar una cultura escolar que promueva entornos seguros y acogedores, donde sea fácil tomar decisiones saludables.
Comenzamos por crear un programa de bienestar laboral centrado en la conexión interpersonal, la actividad física, la mentalidad y la nutrición. Una vez que nuestros educadores adoptaron este enfoque, estuvieron mejor preparados para ayudar a los estudiantes a priorizar su propio bienestar. Este año, estamos implementando activamente lecciones y actividades para incorporar aún más prácticas saludables en nuestras aulas.
Apenas estamos comenzando, pero las ideas ya están echando raíces. Cuando pregunté a los estudiantes qué cambiarían de la escuela, muchos respondieron que no cambiarían nada. Me preocupaba que simplemente quisieran seguir con su día, así que profundicé un poco más y pregunté si eso significaba que las cosas iban bien. Muchos afirmaron que sí; dijeron sentirse felices y que realmente no se les ocurría nada que cambiar.
Aquellos estudiantes que sí compartieron sugerencias plantearon ideas estrechamente vinculadas a los principios específicos de la iniciativa “Konocti Cares”: moverse de forma natural, encontrar un propósito, bajar el ritmo (tomar descansos), alimentarse sabiamente, buscar un grupo de apoyo positivo (un círculo cercano de amigos), dar prioridad a los seres queridos y fomentar un sentido de pertenencia. Un estudiante de primer año de LLHS sugirió organizar los turnos de almuerzo por curso para que los amigos pudieran pasar más tiempo juntos (un aspecto positivo de la convivencia). Un grupo de alumnos de OMS quería mejor comida y, al preguntarles a qué se referían, resultó que preferían los días en que cocinamos desde cero (alimentación consciente). Un estudiante de secundaria preguntó por qué el horario incluye tantos descansos temprano en la jornada y tan pocos por la tarde (necesidad de bajar el ritmo). Un par de alumnos de bachillerato preguntaron si podríamos organizar más actividades durante el almuerzo, tal vez con música (para moverse de forma natural).
Algunas de estas sugerencias serán fáciles de implementar; otras requerirán más tiempo. Pero al consultar directamente a los estudiantes, ahora tengo la certeza de que vamos por buen camino.
De vez en cuando, algún miembro de la comunidad pregunta por qué doy tanta importancia a estos temas cuando la función de las escuelas es enseñar materias académicas. En primer lugar, yo diría que las escuelas están para enseñar a los alumnos mucho más que lectura, escritura y aritmética. Pero incluso si ese fuera el único objetivo, la cultura escolar desempeña un papel fundamental en la capacidad de aprendizaje de los estudiantes. Cuando se sienten seguros, bienvenidos y físicamente sanos, pueden concentrarse en aprender. Cuando se sienten inseguros, excluidos o incómodos con su propio cuerpo, su atención se desvía hacia otras cosas.
Sin duda, crear las condiciones para que los estudiantes alcancen su máximo potencial de aprendizaje es un desafío constante. Puedo afirmar que he observado una diferencia notable en todos nuestros centros escolares durante los últimos años. Justo después de la pandemia de COVID-19, los estudiantes tuvieron que reaprender a relacionarse entre sí. Antes veíamos a muchos más alumnos sentados solos, mirando sus teléfonos durante los recreos y el almuerzo. Ahora los vemos interactuar y buscar actividades que les permitan pasar más tiempo juntos.
No solo estamos proporcionando a los estudiantes la información necesaria para tomar mejores decisiones, sino que también estamos creando espacios físicos donde pueden aprender y crecer juntos. Por ejemplo, la renovación de LLHS incluyó la creación de un patio central donde los alumnos pueden reunirse en grupos, ya sean grandes o pequeños.
Crear una cultura escolar saludable no es algo rápido ni sencillo, pero es fundamental. La buena noticia es que, según los estudiantes a quienes intentamos ayudar, vamos por buen camino.
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